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Cultura del esfuerzo doble para las mujeres

CEN DEL PRI Martes, 02 de abril de 2019



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Viviana Mondragón Lazo


En el mes pasado se conmemoraron 25 años de la muerte de Luis Dolando Colosio, sin duda, su pensamiento es un referente para todos los que militamos en el PRI. En el contexto que vive nuestro partido en la actualidad, una parte considerablemente valiosa de sus planteamientos es la reflexión sobre la cultura del esfuerzo y lo importante que resulta tanto para el proceso de renovación del partido, como para el reconocimiento de quienes representan esa cultura y que ahora son desdeñados por un gobierno que bajo la premisa de la honestidad ejerce otras formas de corrupción, como empoderar a la ignorancia, la falta de capacidad y la improvisación. 

Hablar de la cultura del esfuerzo es dejar al descubierto la profunda desigualdad de oportunidades que existe en nuestro país. Esta brecha, para quienes nacimos mujeres, es aún más grande. Si superar las condiciones de origen y construir un destino propio es uno de los retos más complejos y difíciles en nuestra sociedad, intentarlo como mujer es doblemente complicado.

Se trata de remar contracorriente en relación a la desigualdad económica-social y a la desigualdad de género. En esa lógica, el discurso de que las mujeres, con perseverancia y esfuerzo, llegan hasta donde se lo propongan es claramente un mito. Lo es porque su éxito político, profesional, educativo, económico, familiar y personal no sólo depende de cuánto se esfuercen o sepan sino de la forma en cómo enfrentan y superan la violencia de género en su entorno.

La violencia de género constituye efectivamente una barrera más para que las niñas, adolescentes y mujeres adultas logren obtener lo que merecen y por lo que han trabajado.

Todos los días las mujeres se enfrentan a esas barreras “invisibles” que limitan el crecimiento, tales como: no contar con la confianza de sus jefes para realizar una tarea, ser percibidas como emocionalmente inestables o ser minimizadas por el hecho de ser madres. Lo más complejo es que estas barreras no solo vienen del exterior, sino que están interiorizadas, se han convertido en parte de los límites personales.

En los ámbitos públicos, ya sea laboral, comunitario, político o empresarial, las mujeres viven situaciones que frenan su desarrollo pleno, como la dificultad para que una opinión o análisis obtenga el respaldo en una mesa de hombres, que una decisión se tome en serio o se efectúe con prontitud, e incluso que no se reconozca la capacidad y el trabajo para acceder por méritos a una espacio de decisión o cargo, sino que su origen sea por alguna excepción, concesión, cuota o resultado de una acción afirmativa establecida por la ley.

A pesar de lograr múltiples méritos, la trayectoria individual y los esfuerzos personales no siempre son suficientes para que las mujeres sean percibidas con poder y autoridad, pareciera incluso, que en las sociedades patriarcales, estos conceptos son opuestos, mujer y poder. Este fenómeno es aún más grave si se considera que la violencia de género se impone a las mujeres sea cual sea su nivel económico, educativo y cultural.

Si bien superar esta violencia y obtener los resultados esperados implica una gran satisfacción personal, debe denunciarse que esta acumulación de desventajas no abona al México con justicia que todos deseamos.


#CuidadoAhí

 

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