BLOG

¿El “Ayotzinapa” de AMLO?

CEN DEL PRI Miércoles, 20 de febrero de 2019



Seleciona un color
Seleciona un color

Se cumplió un mes de la tragedia registrada el pasado 18 de enero en la localidad de Tlahuelilpan en el Estado de Hidalgo. La explosión en un ducto de Pemex ha provocado la muerte de 131 personas hasta el día de hoy; de los cuales, 68 víctimas fallecieron en el momento de los hechos, y 63 más, en diversos hospitales donde recibían atención médica, según el último reporte de las autoridades estatales.


Esta cifra, que puede incrementarse con el paso de los días, nos obliga hacer un alto en el camino para dimensionar la magnitud de lo sucedido. Van 131 muertes como consecuencia, directa o indirecta, de una estrategia mal implementada del combate contra el huachicol por parte del Gobierno de México. Van 131 muertes producto de la negligencia u omisión de las autoridades federales. Van 131 muertes de vecinos y pobladores que ese día, ante la escasez de gasolina, decidieron acudir a ese lugar a aprovechar para abastecerse o para “ganarse una lanita extra” revendiendo el combustible, como manifestaron algunos familiares de las víctimas entrevistados posteriormente.


Hay que decirlo con toda claridad, de no haber habido desabasto de gasolina, no hubieran muerto 131 personas de esa manera. Un conjunto de decisiones mal tomadas por parte el Gobierno federal provocaron la escasez de combustible en varios estados del país. Si bien es cierto que para los pobladores de Tlahuelilpan, así como para muchos de otras regiones de México, el huachicol resulta algo común porque están acostumbrados a vivir de cerca con este delito llevado a cabo por el crimen organizado; también es cierto que nunca se había presentado este fenómeno, nunca antes se había visto que los propios ciudadanos realizaran de forma masiva esta acción, ya sea por necesidad o por ociosidad.


Estamos entonces frente a una tragedia que nunca debió haber sucedido. Una tragedia, que ha diferencia de la ocurrida en Ayotzinapa, pudo haberse evitado. Aquella vez, según las investigaciones realizadas, 43 estudiantes normalistas de dicha localidad ubicada en el Estado de Guerrero “desaparecieron” la noche del 25 de septiembre de 2014, a manos del grupo criminal que controlaba la zona en complicidad con la policía municipal y las autoridades locales. El desenlace de esta historia, ya es por todos más que conocido.


El entonces alcalde perredista José Luis Abarca, -quien fuera apoyado en campaña por López Obrador-, fue sometido a proceso y encarcelado por delitos de delincuencia organizada, lavado de dinero y enriquecimiento ilícito; el gobernador perredista Ángel Aguirre se vió obligado a renunciar al cargo ante la crispación política; y el Presidente Enrique Peña Nieto se ganó el repudio nacional de una sociedad que se encontraba ya muy polarizada. Un suceso local, mal atendido en su momento por el Gobierno Federal, que terminaría por marcar, no solo a un sexenio, sino a todo un país.


Hoy, sin embargo, parece ser que el humor social ha cambiado repentinamente; que el ánimo ciudadano se ha vuelto indiferente ante la realidad. Hoy, sorprendentemente no causa indignación un acontecimiento de esta magnitud. Hoy, se juzga con otra vara, una tragedia cuyo saldo fatal es tres mayor al registrado en Ayotzinapa. Hoy, a diferencia que en el anterior sexenio, no hay escarnio en redes sociales ni en la opinión pública. Hoy, decidimos dejar pasar desapercibida esta tragedia. ¿Por qué? Las posibles respuestas a esta pregunta siempre serán delicadas porque estamos hablando de vidas humanas al final del día, pero resulta más que obligado hacérnosla.


@ErnestoCR_

visitas: 316