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Estadista vs. Estatista

CEN DEL PRI Martes, 22 de enero de 2019



Seleciona un color
Seleciona un color

Dos palabras gramaticalmente casi idénticas, pero cuyo significado es diametralmente opuesto. Una sola letra hace una enorme diferencia.
 
A escasos días concluir el sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto, valdría la pena hacer un ejercicio objetivo de valoración de una administración que termina su período con resultados inobjetables en varios rubros.
 
Tal vez, la mejor recopilación de los logros alcanzados durante este Gobierno, fue la que realizó recientemente Pablo Hiriart en su columna editorial, donde de forma clara y precisa, enumeraba algunos de los más importantes.

Cifras récord alcanzadas en generación de empleos, en inversión extranjera directa y en créditos otorgados para vivienda popular; cifra récord en el número de trimestres consecutivos registrando crecimiento económico sostenible; consolidación como la sexta potencia turística del mundo; más exportación en manufacturas que todos los países de América Latina juntos; y por primera vez tenemos una balanza comercial agropecuaria favorable. Reducción en un 40% de los costos de telefonía celular, así como la eliminación de los cobros de las llamadas de larga distancia.
Añade el periodista, -además de los beneficios de las reformas educativa y energética- el incremento del poder adquisitivo del salario durante este sexenio; la tasa histórica registrada a la baja en materia de inflación; la deuda externa manejable; el récord en la cifra de nuestras reservas internacionales; y el rescate del Tratado de Libre Comercio con América del Norte a pesar de Donald Trump, entre otros más.
 
Bajo la premisa de llegar a transformar y no solo a administrar, se asumieron los costos naturales de haberse atrevido a cambiar las cosas, y se emprendieron las grandes transformaciones que resultaban impostergables para convertir a nuestro país en una verdadera potencia. Decisiones tomadas, no pensando en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones de mexicanos. Decisiones, algunas, que rompieron con inercias que habían frenado por décadas el pleno desarrollo de México, y cuyos beneficios tangibles se verán reflejados con el tiempo.
 
Por el otro lado, ciertamente hay retos puntuales que faltaron por superar, y que marcarán a esta administración, como el combate a la inseguridad. Las cifras al respecto son contundes, producto de una política fracasada durante 12 años, donde nuestro país sigue aportando los muertos, los desaparecidos y los desplazados de una guerra sin sentido, que obedece mayormente a factores regionales y globales. La principal obligación del Estado, la de garantizar la seguridad de los ciudadanos, sigue siendo una asignatura pendiente. Un México en paz, es la principal y la más sentida demanda de la sociedad.
 
Otro tema que marcará negativamente a este Gobierno es el relacionado con los escándalos de corrupción conocidos por todos. Después de recuperar la confianza ciudadana en el 2012, resultaba más que obligado no tropezar en este sentido. Lamentablemente no fue así, y poco a poco, fueron saliendo a luz pública casos de exgobernadores que incurrieron en conductas reprobables, así como también de algunos funcionarios públicos federales que presuntamente cometieron actos ilícitos. Le fallamos a la ciudadanía y pagamos las consecuencias como partido.
 
Seis años son más que suficientes para calificar a grandes rasgos una administración. La valoración dependerá de cada quien, y estamos en todo nuestro derecho de hacerla, pero con argumentos. A manera de resumen, es preciso decir, parafraseando a Luis Donaldo Colosio, que ciertamente no estuvimos exentos de errores, pero difícilmente se podrá explicar el México del mañana sin la contribución de nuestro partido; difícilmente se podrá explicar el México del siglo XXI sin los logros transformadores del Presidente Enrique Peña Nieto. La historia se encargará de darle al actual mandatario el justo lugar que le corresponde.
 
En el otro lado de la moneda, todo parece indicar que no será necesario que transcurran seis años para evaluar al próximo Gobierno que está por iniciar. En tan solo cinco meses nos han dado muestras preocupantes de lo que nos espera. Lo más grave de todo, como hemos visto en experiencias recientes en países latinoamericanos, es que los pseudolíderes populistas suelen presentar una versión moderada durante su campaña electoral, con el único fin de alcanzar su objetivo a toda costa. Una vez ya en el poder, se radicalizan.
 
El llamado pues, es a estar preparados para defender con firmeza, desde cada una de nuestras trincheras lo mucho que hemos avanzado. La diferencia entre un estadista y un estatista, además de una letra, puede ser el retroceso en el desarrollo de toda una generación de mexicanos.  
 
@ErnestoCR_

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