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La demagogia de Andrés Manuel: el aeropuerto a consulta

CEN del PRI Miércoles, 29 de agosto de 2018



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Desde la Antigua Grecia hasta nuestros días, la concepción de la democracia ha sido ampliamente discutida y, con el paso del tiempo, los elementos que la conforman o deberían conformarla han sido piezas fundamentales en la construcción de una definición mínima.

Sin pretender establecer una definición unívoca, la democracia actualmente puede ser concebida como un régimen político caracterizado por elecciones periódicas, universales, libres y auténticas que permita la conformación de instituciones representativas que sirvan a los intereses de la voluntad general. Tradicionalmente, el establecimiento de un régimen democrático se lleva a cabo a través de una Constitución y de leyes que den viabilidad y establezcan reglas claras para garantizar su adecuado funcionamiento.

Ante un ideal tan complejo y sofisticado, los retos de la democracia mexicana en los años por venir no serán menores. La idea de un autogobierno, donde todas las personas se obedecen a sí mismas, ha evolucionado a un sistema en el cual las decisiones implementadas reflejan las preferencias de sus miembros* , y es a través de los procesos electorales en donde la ciudadanía elige a aquellas personas que habrán de tomar las decisiones a nombre y por cuenta de ellas. Esa es precisamente la esencia de una democracia representativa como la que tiene México.

Hoy en día, no cabe duda de la consolidación de nuestro sistema democrático, en donde la voluntad general se vio reflejada. El pasado 1° de julio, la ciudadanía eligió a MORENA y a la plataforma que presentó como la opción que habrá de gobernar y legislar en los próximos años. Más allá del resultado, las razones por las cuales se optó por una determinada opción política y no por otra, son diversas. Sin embargo, la elección mayoritaria no implica de ninguna manera la posibilidad de mermar el orden constitucional e institucional que tanto trabajo nos ha costado construir.

Decisiones como la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco, será la primera prueba que habrá de sortear el gobierno de López Obrador. La apuesta ciudadana por el gobierno de AMLO no debe entenderse como un cheque en blanco para tomar decisiones precipitadas y sin sustento, pues la construcción del nuevo aeropuerto, sin duda alguna, requiere de conocimientos técnicos y racionales que rebasan cualquier intención política o promesa de campaña.

Con un avance del 31%** , el nuevo aeropuerto representa el mayor proyecto de infraestructura de los últimos años con el cual se pretende dar solución a la saturación del actual aeropuerto de la Ciudad de México. Su cancelación representaría un claro retroceso para el país, no solo por las pérdidas económicas que se producirían sino también por la desconfianza e incertidumbre que generarían para cualquier inversionista. Desestimar diagnósticos tan precisos como el dictamen entregado por el MITRE, instancia especializada en temas aeronáuticos, manda un pésimo mensaje y nos recuerda a aquel Andrés Manuel que manda al diablo a las instituciones.

Gobernar no es asunto sencillo y, en ocasiones, la toma de decisiones públicas, además de la responsabilidad que implica, conduce también a la impopularidad. Si la intención de AMLO es gobernar a través de mecanismos de democracia directa, exijamos que se haga conforme a las reglas y procedimientos que hemos diseñado, lo que no podemos permitir es que, a fin de salvaguardar la legitimidad democrática de la que gozaría el gobierno entrante, se le abra la puerta al autoritarismo.

El conocimiento, los saberes y la especialización en el tema deben ser los ejes que orienten la discusión sobre su construcción, no la demagogia. En este tema, y en los que sigan, el debate público y la deliberación deben ser elementos clave, donde se garanticen el libre ejercicio de todas las voces, no obstante, no debemos olvidar que debe ser a través de las instituciones y la defensa de nuestra Constitución, y no a partir de ocurrencias como debemos buscar soluciones al conflicto y a la diferencia, si de verdad aspiramos a consolidarnos como un país democrático y encontrar las soluciones puntuales a los problemas que nuestra sociedad requiere.

 

*Przeworski, Adam. Qué esperar de la democracia. Límites y posibilidades del autogobierno. Siglo XXI Editores. Buenos Aires, 2010.

**https://www.reforma.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?id=1455562&v=4&urlredirect=https://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=1455562&v=4

***Fuente de la imagen: mexiconuevaera.com

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