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Economía Naranja

CEN del PRI Jueves, 09 de julio de 2020



Seleciona un color
Seleciona un color

Jorge Aristóteles Sandoval Díaz

A la economía creativa la conocemos mejor como Economía Naranja. En ella se involucra el talento, la creatividad, la propiedad intelectual, la conectividad y también algo de muchísima valía: la herencia cultural de nuestras regiones.

 

En 2005 se llevó a cabo la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO); dando un enorme paso para reconocer que la política cultural internacional tiene dos vertientes muy importantes: la económica y la cultural, que a partir de los artistas y profesionales de la cultura contribuyen a la creación de políticas y medidas en pro de la creación, producción, distribución y acceso a los servicios y bienes culturales.

Con base en el contexto colaborativo que ha ayudado a fomentar la colaboración y la comunión de esfuerzos, en la actualidad podemos comprender mejor la importancia que tienen las industrias creativas y las economías culturales para nuestro entorno. La derrama económica asciende a más de 2,250 millones de dólares anuales -alrededor del 3% del PIB mundial-, generando más de 30 millones de empleos globales,  con un valor estimado de más de 4,3 billones de dólares. Laboralmente, el talento se encuentra en un rango de entre 15 y 29 años, según datos arrojados por la UNESCO. Características que fortalecen los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

La economía invisible tiene como contraste que las exportaciones de bienes y servicios culturales superan -casi al doble- a las del mercado armamentístico, como lo mencionó en su momento Felipe Buitrago Restrepo, consultor del BID y especialista en economía naranja. Ésta situación tiene sus bemoles; por más positiva que parezca, debemos entender que las economías no tienen registro de muchas de las actividades culturales, a pesar de que forman parte de los números anuales en empleos, pero afortunadamente, el internet ha propiciado el aumento en más de 70 por ciento de los bienes creativos.

El extinto ProMéxico mencionó en un informe que México se encontraba en el lugar 14 en importancia de la industria creativa, con un 3,5% con relación al PIB nacional y una generación de empleos de 1.3 millones, según datos del medio digital Panamericanworld.

La creatividad será un elemento muy importante a considerar por las empresas al momento de reclutar talento a partir de este año y en los venideros. Las condiciones de salud y sociales actualmente están diezmando la reactivación económica en todos los niveles y no se tiene certeza sobre un retorno seguro y claro.

La economía naranja en México es dispar debido a las pocas posibilidades que existen en el ámbito nacional para generar y producir contenidos creativos y culturales; pero sí debemos mencionar que existen entidades que cuentan con una mayor oportunidad para ello, por ejemplo, Jalisco o Puebla mediante sus diferentes iniciativas. Sin embargo el grueso de las ciudades latinoamericanas con posibilidades de producción cultural no se encuentran en el Top 10 de las ciudades más creativas del mundo, aunque Bogotá se encuentra alzando la mano. De momento el mayor representante hispanoamericano es Barcelona.

Esta economía invisible también es capaz de generar ingresos sobresalientes y en el caso específico de México, hasta equiparables con el monto de las remesas. Hablamos de que las tres principales industrias generadoras de empleos a nivel mundial son: Artes visuales, los libros y la música.

Con este panorama hay ejemplos nacionales muy valiosos y uno de los últimos es el de Teresa González, estudiante de actuación que logró ser admitida en la Academia de Actuación y Arte Dramático Ernst Busch en Alemania. Junto con Isaac Hernández, bailarín de ballet -tapatío, por cierto- han logrado exponer su industria y su arte a nivel internacional, dejando ver al mundo que México tiene muchísimo talento especializado de alto valor, capacidades instaladas y ubicación y costos competitivos de producción, para ser incluido en un futuro entre las ciudades más creativas del mundo.

 

FOTO: Kyle Head

 

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