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Desatar el potencial de México a través de educación de calidad

CEN DEL PRI Martes, 28 de abril de 2020



Seleciona un color
Seleciona un color

Jorge Aristóteles Sandoval Díaz

Si algo debemos tener claro para reconstruir el país, luego de la pandemia de COVID-19, es que México tendrá que desarrollar todo su potencial creativo e intelectual como un motor de desarrollo y bienestar económico.

Es necesario potenciar las áreas de formación, consolidar los perfiles centrados en la innovación y el desarrollo, así como impulsar el talento; sólo de esta manera lograremos incentivar mejores condiciones económicas a partir de empleos de calidad basados en un modelo de desarrollo sostenible.

No podemos caer en la tentación de recortar los recursos destinados a la educación, por el contrario, tenemos que reforzarlos; generar más espacios de acceso a la educación superior en México, garantizar una formación adecuada y que se ajuste a la nueva realidad global. Todas estas son necesidades irrenunciables, que tenemos que atender ya.

En este sentido, pudiera parecer loable el surgimiento de nuevos espacios educativos como es la creación de la Universidad del Bienestar Benito Juárez García (UBBJG), proyecto que representó una inversión pública de mil millones de pesos. Sin embargo, esta institución educativa y sus similares, no resiste un análisis más profundo; veamos: si bien dentro de la oferta académica de las Universidades del Bienestar, se encuentran carreras relacionadas con sectores estratégicos como la agroindustria y el medio ambiente, el problema surge durante la verificación del diseño de la política pública, en donde se evaluó la estrategia de cobertura en plan de acción educativo, criterios en la selección de aspirantes universitarios, plataforma de recopilación de datos de alumnos y aspirantes, mecanismos de transparencia y de rendición de cuentas del programa.

En una investigación especial de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), —una organización de la sociedad civil que anteriormente ya ha hecho varias observaciones al Gobierno Federal—, basada en los lineamientos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), para evaluar la calidad de 30 de los 100 planteles creados recientemente en septiembre del 2019, arrojó que las UBBJG presentan importantes deficiencias en el diseño de sus programas, pues sólo cumplieron con el 17.5% de los requisitos (obteniendo la calificación de 0.7 sobre 4 puntos en la evaluación del CONEVAL).

Ninguno de los 30 planteles analizados contó con los elementos necesarios del Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (RVOE), es decir, no pueden extender títulos profesionales ni cédulas para el ejercicio profesional.

Aunque la intención es buena y desde una visión general parece ser un buen proyecto, aún tiene —muchas— deficiencias por resolver.

Ante un escenario tan complicado: ¿no sería mejor aprovechar las capacidades instaladas en el país, en lugar de embarcarnos en un nuevo proyecto con tantas deficiencias? ¿no deberíamos reconocer a la comunidad científica y académica nacional en lugar de rechazar a los expertos por razones políticas?

Podemos encontrar en las principales universidades públicas de México casos de éxito de expansión de matrícula y desarrollo de conocimiento a pesar de la escasez de recursos, es momento de doblar la apuesta en estas instituciones que han formado a cientos de miles de mexicanos, para consolidarlas como referente a nivel internacional.

La evolución del modelo educativo actual empleado en México es impostergable. Para lograrlo debemos plantearnos metas ambiciosas y claras, generar indicadores de progreso, y sobre mantener un diálogo permanente entre las universidades, el gobierno y la iniciativa privada.


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